“Cuando me llamaron para que me hiciera cargo del archivo municipal estaba todo literalmente tirado”

Isabel Seco lleva 43 años ordenando, clasificando y guardando los documentos originales del Archivo municipal

GETAFE/ 22 MARZO 2018/.Desde el señalamiento de los límites jurisdiccionales, la estadística de su población, el repartimiento de los tributos, las cuentas que rendía el Mayordomo de Propios, los abastos, las quintas, las milicias o el arrendamiento de los puestos municipales…, todo puede estudiarse en el archivo Municipal que ordena, clasifica y guarda desde hace 43 años la archivera, Isabel Seco.

Documentos originales a buen recaudo, pero esto no siempre fue así. “Cuando me llamaron para que me hiciera cargo del archivo municipal estaba todo literalmente tirado. Hubo que rehacerlo prácticamente papel a papel. Los funcionarios acudían al archivo apremiados por sus tareas, consultaban y lo dejaban ahí.” A pesar de eso, el archivo del Consistorio getafeño conserva documentos de hace 500 años.

Los guardianes de la llave
Los documentos que alberga el Archivo municipal son prueba y testimonio de los hechos y derechos de los ciudadanos, y por eso se conservan. Su custodia a lo largo de los siglos permite que hoy los investigadores puedan realizar estudiando estos documentos un dibujo de la sociedad getafeña del siglo XVIII, por ejemplo. Como explica Isabel Seco, archivera municipal de Getafe sólo ella y su equipo tiene la llave que da acceso al fondo documental de la casa consistorial. “Es una manera de proteger los documentos, todos ellos originales y por tanto irremplazables en caso de sufrir algún daño”.

Sobre los hombros de Seco más de 40 años de servicio aplicando el método científico que recoge la relación intelectual de los documentos que permitan su rápida localización en el archivo. Pergamino, papel o digital en el ADN del archivero está el saber adaptarse a los nuevos soportes.

Series documentales y signaturas que dan cobijo a más de 5 kilómetros de cajas (antes legajos) de documentación sobre Getafe. Y una curiosidad: “Ahora mismo estoy vaciando las cuentas del siglo XVII. Es muy interesante porque relacionan las nóminas de los trabajadores de aquella: escribano, sesmero, juez, el que rige el reloj, mesonero, alguacil, procurador de pesos y medidas o el pregonero… Una curiosidad: Una investigadora de la Complutense especialista en verdugos me contó que muchas veces, como era un oficio vergonzante, no aparecía como tal sino como pregonero. Estaba interesada en hallar la relación de personas que ostentaban este oficio, que solía ser muy endogámico, para ahondar en sus investigaciones”.

Documentos y archivera se han enfrentado a lo largo de estas más de cuatro décadas a alguna que otra mudanza. “Comenzamos en el edificio viejo del Ayuntamiento, arriba junto al Salón de Plenos. El archivo pesaba tanto que se estaba abriendo la Junta de dilatación, que unía el antiguo edificio con la ampliación. Nos fuimos la RACA 13, a los cuarteles tal cual los había abandonado el Ejército. No había ni casquillos para poner bombillas. Allí estuvimos muy pocos meses porque enseguida fructificaron las negociaciones con la Universidad Carlos III. De ahí nos fuimos a la fábrica de Ericsson, a lo que había sido el archivo de la factoría. Muy en precario. Y de allí nos trasladamos a unos bajos de la calle Gibraltar, a un semisótano, donde estuvimos desde 1993 a 1996. A finales de ese año nos vinimos aquí y desde entonces no nos hemos movido”, narra Seco.

“El archivo pesaba tanto que se estaba abriendo la Junta de dilatación, que unía el antiguo edificio con la ampliación”

En la actualidad el Archivo municipal de Getafe se encuentra ubicado en la planta baja de su Ayuntamiento, sito en la plaza de la Constitución. “Hoy nos enfrentamos a dos retos: la falta de espacio y la adaptación a la entrada en vigor por la nueva Ley de procedimiento administrativo el Archivo Electrónico Único”. A pocos años para jubilarse, Isabel afirma “que continuará en activo hasta los 65 años”, porque quiere dejar estos dos asuntos “bien atados”.

Sic vos non vobis
Sic vos nos vobis, así vosotros, no para vosotros. La callada y esforzada labor de los archiveros queda recogida en el lema del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Museólogos. “Durante nuestro horario de trabajo siempre estamos para los demás, nunca para dedicarnos a nuestras propias investigaciones. Siempre se me ha achacado que escribía poco sobre Getafe”, cuenta Isabel Seco, archivera municipal. “Nosotros estamos para preparar los materiales tanto históricos, como administrativos, para los demás”. Funcionarios, investigadores o curiosos firman las consultas.

Doctora en Documentación y Licenciada en Geografía e Historia y Ciencia política y de la Administración, Isabel Seco recibe anualmente a decenas de investigadores a los que guía a los largo de los 5 kilómetros de archivo que ocuparían las cajas (antes legajos) que contienen todos los documentos que componen el archivo. Reacia a destacar un documento por encima de los demás explica que “en los archivos en general y concretamente en este, todos los documento tienen en común su originalidad, exclusividad y su unicidad. Se dice que lo más escaso es lo más valioso, de ahí que me resista a nombrar uno, ya que es como si le preguntaras a una madre con cuál de sus hijos se queda”.

Por su suerte
Como narra Isabel Seco  “no hace mucho estaba un investigador en la sala de consultas del Archivo municipal revisando padrones de habitantes del siglo XIX cuando se quedó perplejo con una anotación:`Jugó su suerte en Getafe dos veces y las dos salió bien´.” ¿Cómo interpretarlo? “Resulta que en el padrón Municipal, plenamente informativo, se hacían referencias a la situación del Padrón de Quintas”. Fue Carlos III quien dictó una ordenanza en 1770 en la que uno de cada cinco jóvenes en edad militar, la quinta, entre los 18 y los 40 años, mediante sorteo tendrían que incorporarse al ejército. Sus nombres se extraían del padrón de mozos que formaban el censo militar. Ir a la mili era servir al Rey.

Eran los alguaciles de los Ayuntamientos los que se encargaban de comunicar a las familias mediante papela la condición de quinto de su vástago que sólo podía librarse si era corto de talla, es decir si medía menos de 1,60 cm, o si tenía otros motivos que alegar: ser hijo de viuda, tener los pies planos,  ser hijo de padre sexagenario o bien ser el único sustento de la familia”. El getafense del padrón del siglo XIX se libró de hacer el servicio militar, por dos veces. De ahí esa anotación que inspiraría después un libro.

Ruth Holgado

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