Editorial | Breve historia de unos abucheos

Dice la Wikipedia que “el abucheo es una forma de demostrar disconformidad por alguien o algo, generalmente a un artista, al gritarle ‘¡bu!’ o haciendo sonidos de menosprecio, como silbidos. La gente puede hacer gestos con las manos hacia el artista, como bajar los pulgares.” 

Tal vez porque la política, en gran medida y por desgracia, se ha convertido en un espectáculo en el que los artistas tienen esa pequeña responsabilidad de representar la función de nuestras vidas, el abucheo se ha convertido en una constante herramienta ciudadana de protesta social ante aquellos representantes públicos que se entiende que no están cumpliendo con las expectativas o las funciones que les son propias. 

Como es comprensible, a los políticos no les suelen gustar los abucheos. Al igual que los artistas, suelen preferir los vítores y aplausos. Sobre todo si estamos en campaña electoral. Y ahora las campañas electorales son muy largas. Ha llegado septiembre, se inicia el curso político, y este no es un curso político más: es el último antes de las próximas elecciones municipales. Por eso a nuestros líderes locales les hubiese gustado tener una vuelta al cole entre aplausos. 

Pero no ha sido así. 

El presidente del PP de Getafe ha iniciado el curso, y casi su carrera política como líder del partido, entre abucheos y reproches de numerosos vecinos. No es un buen comienzo para un candidato a la alcaldía que es, a pocos meses de las elecciones, un completo desconocido. Rubén Maireles decidió convocar una rueda de prensa junto al Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid para defender la gestión del PP al frente de su Consejería, después de que se conociera que en varios centros educativos del municipio comenzarían las clases entre obras sin terminar. Los padres y madres de estos centros, junto a la Plataforma por la Escuela Pública, decidieron movilizarse para exigir unos colegios completos para sus hijos y mostrar su repulsa ante esta actitud. El líder de los populares de Getafe no tardó en criminalizar las protestas y acusar a “los concejales de Podemos e IU de participar de un escrache en el que se me ha amenazado e insultado”. No es una justificación demasiado original.

Pero la popularidad de la alcaldesa Sara Hernández parece que tampoco atraviesa uno de sus mejores momentos. La socialista también fue abucheada en las fiestas del Carmen de Perales del Río entre acusaciones de abandono y olvido del barrio. No tardó en acusar a los vecinos de “minoría violenta” y aseguró a través de redes sociales que le habían destrozado el coche, aunque nunca presentó prueba que lo demostrara. Al igual que el líder del PP, la alcaldesa también acusó a Podemos de estar detrás de estas protestas. Esta versión ha flojeado cuando este mes, en las fiestas del barrio de Las Margaritas, la alcaldesa ha vuelto a recibir una muestra de repulsa social con abucheos durante el pregón, también ante la indignación de los vecinos de ese barrio. 

Tal vez deberían plantearse que, cuando un político recibe críticas de los ciudadanos, lo que debe hacer es pararse, escuchar, reflexionar e intentar hacer autocrítica. Tras ello, puede intentar mejorar o discrepar y, en tal caso, defenderse. Pero nunca puede intentar criminalizar a quienes protestan. 

Tanto el líder del PP de Getafe como la líder del PSOE de Getafe comienzan así su carrera electoral entre síntomas de indignación vecinal con su acción política. Mala carta de presentación y muy mala noticia para ambos, habida cuenta de que hoy por hoy existen otras fuerzas políticas con opciones reales de ganar. Lejos quedaron aquellos septiembres preelectorales donde los políticos inauguraban obras megalómanas entre vítores y aplausos. Tal vez es que algo sí que está cambiando. 

 

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