“El Ayuntamiento de Getafe se ha negado a estudiar la contaminación electromagnética”

Telefonía móvil, wifi, datos, 4G… El número de redes inalámbricas que utilizamos para comunicarnos es cada vez mayor y más potente, aunque no las podamos ver. Pero, ¿tienen efecto sobre nuestra salud? Hablamos sobre esta cuestión con Ceferino Maestú, director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y uno de los mayores expertos en contaminación electromagnética.

 ¿En qué consiste la contaminación electromagnética?

Los sistemas de comunicación se basan en transporte de energía por distintos medios; es decir, puede ser a través de un cable pero también a través del aire. Cuando se emplea este último medio, se produce una diferencia exponencial a su alrededor que llamamos ondas electromagnéticas, que transportan energía y comunican un lugar con otro, atravesando objetos con esa energía. De este modo, se comunica parte de esa energía a ese objeto mientras lo atraviesa; un objeto que puede ser nuestro cuerpo, por ejemplo.

Consideramos que el transporte de energía, la radiación electromagnética, puede ser un motivo de contaminación, y por ello hay que tener cierto nivel de protección. El sistema biológico utiliza a su vez campos eléctricos para determinados procesos de comunicación de las células o de nuestro sistema nervioso, y esta radiación artificial puede interferir sobre ellos.

¿Cómo afecta a nuestro organismo?

Sabemos que hay una interacción de determinados tipos de campo electromagnético, como los sistemas de transporte de energía, en el comportamiento normal de los sistemas biológicos a determinadas intensidades y a determinadas frecuencias, pero aún queda mucho por investigar.

“Recomendamos que se reduzcan los niveles de exposición a la población: estos niveles permiten comunicarse igual”

La conclusión más importante es que se ha puesto en marcha todo el sistema de comunicaciones que utilizamos en este momento sin suficientes estudios biológicos que nos permitan saber que hay cambios. Hay muchísimos estudios sobre esta cuestión en todo el mundo, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) todavía considera que a los niveles de protección actuales el campo electromagnético es seguro.

Nosotros consideramos que no, e indicamos que estos niveles son inadecuados y necesitamos reducirlos. Por eso recomendamos que se reduzca a un nivel de 0,1 microvatios/cm2 para toda la población, cuando el nivel actual está en 450 microvatios/cm2 para la frecuencia de 800MHz y en 900 microvatios/cm2 para la frecuencia de 1800MHz, que son las que utilizamos habitualmente en la telefonía móvil.

Son niveles de protección muy bajos: hay bastantes estudios que indican que esa intensidad de potencia puede afectar a determinadas respuestas biológicas de la vida cotidiana, como el sueño o los trastornos de la actividad cerebral. Muchos procesos pueden verse interferidos y por eso consideramos que es necesario que mientras no tengamos conocimientos más estrictos sobre ello, pongamos en marcha lo que llamamos el principio de precaución. En otras palabras, considerar unos niveles de protección suficientes para la población mientras investigamos y descubrimos más acerca de las consecuencias de estas radiaciones.

Si estos sistemas de comunicación pueden funcionar con niveles de radiación más bajos, ¿por qué no se hace?

Nosotros recomendamos que se reduzcan los niveles de exposición a la población: nuestra experiencia es que estos niveles permiten comunicarse igual. Estamos ante una nueva época que vendrá dada por el sistema 5G, lo vamos a ver en muy poco tiempo y ya están haciéndose las primeras pruebas. Esta tecnología va a necesitar una potencia mucho mayor, y las compañías no quieren reducir sus niveles de emisión o de densidad de potencia de emisión porque se quieren garantizar su uso.

¿Qué síntomas presentan los afectados por esta exposición?

Existen unas personas que llamamos hipersensibles al campo electromagnético, que no son reconocidas por la OMS, que consideran que es un problema psicológico, no un problema real. Nosotros creemos que sí que existe, que es un problema real, y que tiene una sintomatología, comenzando por situaciones de mareo, cefaleas, pérdida de ubicación espacial o acúfenos. Es muy complicado convivir con ello. Son una serie de síntomas que les hacen una vida imposible, porque además estos problemas aumentan con el paso del tiempo, sobre todo en un mundo en el que ya no hay ningún lugar en el que no haya campos electromagnéticos artificiales.

“Las personas hipersensibles al campo electromagnético no son reconocidas por la OMS. Nosotros creemos que sí que existe, que es un problema real”

Todo esto lo contemplamos dentro de un espectro al que llamamos síndrome de sensibilidad central, que quiere decir que el sistema nervioso central está siendo alterado por la influencia de este tipo de emisiones, produciendo respuestas anómalas al medio.

Hay científicos que sostienen que no hay estudios suficientes en esta materia para establecer una relación causa-efecto entre los campos electromagnéticos y estos síntomas… ¿Podrían tener otras enfermedades como causa?

Todos es opinable, y todo el mundo puede opinar sobre estos síntomas. Pero lo que hay que hacer son estudios serios que permitan identificar datos objetivos para afirmar que hay cambios. Nosotros hemos hecho estudios sobre esta cuestión con técnicas modernas, como la magnetoencefalografía, que permiten identificar que estas variaciones no están producidas voluntariamente por el individuo o por su estado de ánimo, sino que han sido obtenidas mediante un sistema de registro de la actividad cerebral que no puede ser manipulado por el individuo en estudios de doble ciego.

Otra cuestión importante es que este tipo de pacientes no surgen en un lugar concreto, sino que prácticamente en cualquier país del mundo hay personas que son hipersensibles al campo electromagnético, y están asociadas. No es un fenómeno local, afecta a todos los lugares en los que se utilizan estos sistemas de comunicación. Es decir, a todo el mundo: a día de hoy hay más teléfonos móviles que personas.

¿Por qué el mundo de la medicina no investiga más en esta línea? Como ha indicado, la OMS no reconoce estos síntomas como una enfermedad en sí misma.

En el mundo muchísimos investigadores trabajando en esto. Lo que sí es cierto es que no hay mucho dinero para investigar este tema porque es caro, pero hace falta. No está bien financiado en general, así que cada uno que saque conclusiones de ello.

“En Getafe hablamos con el Ayuntamiento para crear un sistema de control de antenas en todo el municipio, pero tenía unos costes muy altos y consideraron que no era adecuado”

Hasta ahora, las administraciones públicas no están financiando este tipo de investigaciones en España, de ninguna manera. Intentan claramente que no se investigue este asunto. Necesitaríamos una financiación explícita y exclusiva para este tema. Se ha producido una reducción en todos los aspectos de la investigación, pero en este campo más, y llevamos más años sin tener financiación suficiente para ello.

¿Quién considera que debería actuar en este sentido?

Los que tienen la responsabilidad de esto son desde luego las administraciones públicas, que hasta ahora no están actuando. Están primando los objetivos de comunicación y desarrollo comercial frente a la protección de la salud. Eso está claro. Son los responsables, y en ese sentido deberían actuar.

¿Por qué no se legisla o, al menos, se visibiliza más esta cuestión?

Por la misma razón que ocurre en todo el mundo. Esto no es diferente. Las compañías actuales de telefonía móvil no son de un país, están actuando en todo el mundo e influyen a todos los gobiernos, a escala nacional, europea y mundial. No es un fenómeno español, sino mundial, por lo que la regulación y los cambios se deberían producir en todos lados por igual.

Conoce en cierto modo la situación del municipio de Getafe, donde trató de investigar estas radiaciones. ¿Qué ocurrió?

En Getafe hablamos con el Ayuntamiento para hacer un estudio en todo el municipio, tuvimos una reunión con la alcaldesa y los técnicos municipales. Al final no salió adelante porque no lo creyeron oportuno: consideraban que con los datos que ofrecía el Ministerio tenían suficiente, entonces nosotros no llegamos a hacer un estudio concreto del tema. En cualquier caso, lo que planteábamos era un sistema de control de antenas, pero tenía unos costes muy altos y consideraron que no era adecuado.

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