El ‘boom’ de las apuestas llega a Getafe: “Se normaliza en gente que no iría a una tragaperras”

Estos locales aumentan de forma paralela a los problemas de ludopatía en toda la región, donde se han cuadruplicado el número de jugadores que piden ser vetados en salas de juego
En Getafe ya hay un negocio para cada 25.000 habitantes, un 35% más que en la Comunidad de Madrid

La expansión de las casas de apuestas por toda España y, en especial, la Comunidad de Madrid, también ha llegado a Getafe. A finales del año pasado, los registros apuntaban a un total de 190 locales en toda la región, cuatro veces más que hace apenas un lustro. Solo en Getafe ya existen, al menos, siete casas de apuestas para un total de 178.288 habitantes. O lo que es lo mismo: una cada 25.470 getafenses, mientras que en la región existe un local de este tipo para cada 34.474 habitantes, lo que supone un incremento del 35,35% en esta ciudad.

Las tres principales firmas de este negocio en España son también las que están detrás de la implantación de estos locales en Getafe. Se trata de Sportium –con cuatro locales en la ciudad-, Codere –con dos, aunque se puede apostar en algunos bares- y Luckia, que por ahora ha abierto un único establecimiento. “En nuestras calles es más fácil toparse con una tienda de apuestas que con una librería”, lamentaba hace unos días un vecino de Getafe en su cuenta en la red social Twitter (@jurjurp).

La localización de estos comercios es uno de los puntos más polémicos en este fenómeno. En el barrio Juan de la Cierva –uno de los de menor renta de la ciudad-, ya han abierto sus puertas un local de Luckia y otro de Sportium, situados a apenas 20 metros. A menos de cinco minutos a pie, hay dos colegios públicos. En la calle Madrid, hay otro par de casas de apuestas –Codere, dentro de un establecimiento con origen anterior a este fenómeno, y Sportium-, también cerca de centros de enseñanza a los que acuden menores y rodeados de numerosas franquicias frecuentadas por jóvenes.

Las inmediaciones de la Universidad Carlos III son otro de los puntos en los que han aparecido dos establecimientos dedicados a las apuestas deportivas. Codere lo ha situado en la calle Ilustración, y Sportium al otro lado del campus, a unos metros de la avenida de las Ciudades, donde está ubicada la residencia universitaria, varios colegios e institutos y un parque con una zona infantil frecuentada por familias.

Este último local está en una zona algo menos visible, algo que también ocurre con un establecimiento de la misma empresa en la calle Garcilaso, a unos metros de la estación de Getafe Centro y del centro de día especializado en personas de la tercera edad (AGAD). En esta zona hay también, según ha comprobado este periódico, dos bares en los que se pueden realizar apuestas deportivas a través de las empresas señaladas. Al contrario que en las casas de apuestas, y al tratarse negocios distintos, el acceso a menores no está restringido en estos establecimientos.

Es un fenómeno similar al que ocurre en la ciudad de Madrid, donde estos locales tienen mayor cabida en zonas habitadas por personas que ofrecen un perfil más vulnerable, tal y como reveló hace unas semanas el periódico ‘El Confidencial’. En una investigación titulada “Las salas de juego exprimen los barrios pobres de Madrid”, se detallaba que los tres distritos de menor renta (Latina, Usera y Puente de Vallecas) son, al mismo tiempo, los que más han visto cómo cada vez había más casas de apuestas en sus calles.

La ludopatía también se multiplica

Una proliferación de las casas de apuestas que se ha demostrado paralela a otro dato. Se trata del número de adictos que han pedido voluntariamente el veto en estos locales: ya hay 17.735 en toda la región, lo que supone un aumento del 420% en cuatro años, según datos ofrecidos por la Comunidad de Madrid que, por ahora, no ofrece esta información desagregada por municipios.

Pero, ¿cómo alguien se da cuenta de que se ha convertido en un ludópata? “La principal razón es la económica: están endeudados o han cometido hurtos para financiarse el juego”, explica Bayta Díaz Rodríguez, psicóloga de la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL), que destaca que muchas veces se trata de deudas de varios miles de euros: “Vienen obligados por los padres o la pareja”.

De este modo, “endeudarse les genera una ansiedad que lleva problemas físicos como no comer, no dormir o incluso abandonar actos sociales como salir, faltar al trabajo o abandonar los estudios”, detalla Díaz Rodríguez, que ha llegado a tratar casos que han acabado en suicidio.

“La gente que más dinero se dejaba allí, realmente no tenía tanto: sobre todo padres de familia que sacaban un dinero de vender posesiones en mercadillos y lo utilizaban para seguir jugando”, cuenta un extrabajador de uno de estos establecimientos que ha preferido guardar su anonimato para hablar con Getafense: “Son cosas en las que no reparas al principio, pero cuando pasa el tiempo, te das cuenta de la gravedad del asunto”.

En este sentido, apunta que las empresas “deberían dar más formación a los trabajadores sobre ludopatía: veías a un cliente con problemas reales y lo único que te ofrecían era darle un formulario para que se excluyera voluntariamente del juego”. “Claro, ellos te dicen que no porque creen que no están enganchados”, señala este antiguo empleado

La principal diferencia de la ludopatía con otros tipos de adicciones, señalan las distintas fuentes consultadas, es que aquí no existe ninguna sustancia física. Pero en APAL destacan que la adicción al juego “es exactamente igual” que a las drogas: “No hay ninguna diferencia entre un consumidor de cocaína y un jugador de apuestas. Solo hay que ver la forma que tienen de jugar y el nivel de descontrol. No hay deterioro físico, pero sí cognitivo”.

Uno de los factores que más alarma causa entre los expertos es que el fenómeno alcanza a “personas que nunca se habían visto atraídas por un bingo o una tragaperras”. “Estos locales están por todos lados y, cuanto más accesible sean, es más probable que haya más gente en riesgo”, comenta Díaz Rodríguez para añadir: “Antes se ocultaba, pero ahora se empieza a ver como algo socialmente aceptable”.

En el colectivo Orión, formado por niños y jóvenes de entre 8 y 18 años, lamentan que frecuentar las casas de apuestas “se ha convertido en una especie de moda entre los chavales”. “A esas edades son muy influenciables y se exponen a una adicción muy peligrosa”, cuenta Víctor, uno de los monitores de la asociación, que matiza: “Su existencia no nos parece mal, pero se está normalizando que se promuevan juegos que llevan a la ludopatía de forma descarada”.

Víctor apunta que, tanto él como otros monitores, ya han hablado de este tema con jóvenes de 16 o 18 años que han visitado casas de apuestas. “En vez de ir a jugar a la plaza, van a apostar a la ruleta o a que gana el Real Madrid”, pone como ejemplo: “Por ahora no parecen ser casos muy graves, pero asusta que algunos lo vean tan normal”.

“Echaba las quinielas de pequeño con mi padre por costumbre, pero lo abandoné hasta que estuve en la universidad”, explica Jorge (nombre ficticio), alumno de la Universidad Carlos III de 24 años de edad. Jugador habitual, detalla que “apostar es un incentivo” a la hora de ver ciertos eventos deportivos: “Ahora me motiva más ver un partido que no sea de gran trascendencia, cosa que antes no me pasaba. Me fijo más en ciertos detalles”.

En cualquier caso, reconoce que “también ha influido la cercanía del local de casa de apuestas en el entorno en el que suelo moverme”. “Muchas veces me he acercado al Sportium de la calle Madrid, que está cerca de la universidad y del 100 Montaditos. Si iba a tomar algo, iba a apostar, pero no solo yo: todos los de clase”, ejemplifica.

Pese a frecuentar estos locales, Jorge reconoce que “las casas de apuestas suelen jugar contra ti, y hay que saber ver eso, porque es un negocio que se aprovecha de serios problemas de muchos de sus clientes”.

Una proposición para limitar las casas de apuestas

El Pleno de Getafe aprobó a principios de mes la proposición de Ahora Getafe para la limitación y regulación de los locales de apuestas en la ciudad. Tanto el Gobierno municipal, que presentó una enmienda que no fue aceptada, como Ciudadanos votaron a favor de esta propuesta.

Por su parte, el PP votó en contra la proposición. En palabras de la concejala Inmaculada Lázaro, el texto hace “una exposición muy sesgada y teledirigida hacia un tipo de negocio que es una iniciativa privada, por lo que no nos vamos a inmiscuir”. “¿Por qué no prohíben los estancos, las cadenas de comida basura o las tiendas de chuches?”, se preguntó la edil que, en cambio, se mostró favorable a “orientar y educar a los jóvenes a distinguir el juego como un pasatiempo espontáneo, no como una adicción”.

La proposición aprobada por el pleno consta de cinco acuerdos, en los que se destaca el compromiso de estudiar, junto a la Comunidad de Madrid, la regulación de las casas de apuestas en la ciudad, en base a criterios de localización o ratio por habitante. Esta propuesta también incluye el fomento de campañas de sensibilización, así como un refuerzo de la formación de la Policía Local en este ámbito. Por último, se pide al Getafe CF que se desvincule de los acuerdos comerciales con casas de apuestas y que se sume a los citados programas de concienciación.

“Estos negocios cada vez ganan más espacio en Getafe sin ningún control y, al igual que en otros lugares, son motivados por el gran capital publicitario que mueven tanto el fútbol como otros deportes de élite”, comenta Hugo Paternina, el concejal de Ahora Getafe que registró el texto.

Por ejemplo, Codere es anunciada como la “casa de apuestas oficial del Real Madrid C. F.” y Sportium es patrocinador oficial de La Liga. De hecho, esta última institución comparte “las recomendaciones de Sportium de la jornada”, donde anima a apostar en los distintos partidos.

“Hay que concienciar a familias y colegios”, sostiene la psicóloga de APAL, que propone: “El bombardeo de publicidad de estos negocios se tendría que bombardear con campañas de concienciación desde las instituciones”. Paternina destaca también el desempleo y la precariedad como factores clave para que estos negocios abran en barrios de menor renta: “Lo que no posibilita el trabajo lo posibilita el juego como una especie de atajo”.

“La Comunidad de Madrid tiene una de las legislaciones más favorable al juego y, al mismo tiempo, también más olvidadiza con los afectados: no hay financiación para ayudar a los ludópatas”. Son palabras Emilio Delgado, diputado regional de Podemos y uno de los más activos a la hora de investigar este fenómeno en la región.

Delgado apunta que es “urgente” la creación de un Consejo del Juego en la región, con representación política, social y empresarial, en el que, primero, se haga un análisis pormenorizado de la situación. “A partir de ahí, habría que tomar una serie de medidas, como dedicar una fracción de al menos un 1% de la recaudación para combatir la ludopatía o introducir un criterio de sala por número de habitantes”, cuenta el diputado autonómico, que también considera importante regular la publicidad en medios de comunicación públicos: “La radiotelevisión madrileña tiene que dejar de publicitar anuncios que inviten a jugar”.

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