La Guerra Civil en Getafe: ecos de un conflicto armado

Por Sergio Cuartero, doctorando en Historia y Antropología en la UCM

Era verano en Getafe. El calor apretaba como en tiempos remotos y los campos, antaño fértiles y llenos de trigo y hortalizas, se descubrían yermos, desamparados, bañados por los restos de los continuos bombardeos, el avance de los tanques y la metralla. Los niños y niñas ya no jugaban en la calle Arboleda. Tampoco se oía el traqueteo de los trabajadores y trabajadoras que llegaban a la estación larga -Getafe Industrial- para trabajar en Construcciones Aeronáuticas. De aquel Getafe que comenzó el siglo XX con espectáculos aéreos, cinematógrafos, sociedades deportivas y proyectos empresariales apenas quedaba rastro.

Golpe truncado, pueblo enaltecido

Todo comenzó el 17 de julio de 1936, cuando un grupo de militares desafectos con el gobierno de la República decidió alzarse contra la legalidad imperante y dar un golpe de Estado. En la práctica, no era algo novedoso. Durante todo el siglo XIX se habían sucedido pronunciamientos militares y en la retina de los más mayores pervivía el recuerdo del golpe de Estado del general Primo de Rivera. Tampoco era algo improvisado, pues desde varios meses atrás dichos militares, junto a sectores conservadores y monárquicos, venían urdiendo un plan que se vio avivado con la victoria en las urnas del Frente Popular.

En Getafe, los militares acantonados en el Cuartel de Artillería Ligera, situado en que hoy por hoy es la Universidad Carlos III, se sublevaron en la madrugada del 18 de julio, con el objetivo de unirse a las tropas de Leganés y juntas marchar hacia Madrid. Sin embargo, estos no triunfaron debido a la lealtad de los militares emplazados en la Base Aérea, fieles a la República, y a la ayuda de las organizaciones obreras del municipio. Juntos, en la madrugada del 20 de julio, tomaron el cuartel sin apenas bajas, lo que derrotó una sublevación que terminó con el encarcelamiento de los altos mandos militares. Comenzó entonces un proceso revolucionario, en donde se incautaron fábricas, talleres, cosechas, fincas y vehículos, se produjeron ajustes de cuentas entre antiguos jornaleros y patronos y hasta se dinamitó el monumento al Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles. Una etapa de violencia que, de acuerdo con lo expuesto por la Causa General –investigación pseudo-judicial franquista sobre lo ocurrido en la retaguardia republicana-, dejó 59 asesinatos entre antiguos concejales, alcaldes, comerciantes, abogados, industriales y propietarios.

Caída de Getafe y cerco a Madrid

Tras el fallido intento del gobierno de Largo Caballero por hacerse con Toledo, los militares sublevados realizaron un avance voraz, tomando Parla y Humanes el 31 de octubre y Fuenlabrada, Móstoles y Pinto el 2 de noviembre. Sin esperanza alguna, el turno le llegó a Getafe el 4 de Noviembre de 1936, cuando ya entrada la noche sucumbió ante las tropas del teniente coronel Tella. Solo resistió el Cerro de los Ángeles, donde los soldados republicanos aguantaron a duras penas los envites de legionarios, marroquíes y demás cuerpos militares hasta el 6 de noviembre. De nada sirvió el apresurado intento días después de las Brigadas Internacionales por reconquistar el “cerro rojo”. Getafe había caído y Madrid estaba a punta de pistola.

Un pueblo destruido y una guerra que no termina

Como el lector puede imaginarse, después de tan funesto episodio, Getafe quedó devastado. El Cuartel de la Remonta apenas se mantenía en pie, los alimentos escaseaban, las enfermedades hacían temer una nueva epidemia y la Casa Consistorial hacía gala de los constantes bombardeos recibidos en el otoño de 1936. Tan catastrófico era el estado de esta última que, debido a ello, la Comisión Gestora Provisional -constituida el 7 de Noviembre- tuvo que emplazar la sede del nuevo gobierno en el domicilio del Alcalde, Emilio Núñez Hernández.

Pero no nos equivoquemos, las hostilidades estuvieron lejos de cesar. En el Cerro de los Ángeles siguieron los combates encarnizados entre legionarios y brigadistas, con intentos y fracasos de la República por reconquistarlo. Testimonio de ello nos dan fotografías como la que en este número presentamos, donde podemos observar a un grupo de legionarios leyendo el periódico en el verano de 1937. Una actividad que, quizá, fue el único medio a través del cual pudieron tener conocimiento de lo que estaba sucediendo en sus localidades, si bien lo vivido en Getafe estaba muy presente en la memoria colectiva de todos.

Las fotografías de esta sección están cedidas por el colectivo De Getafe al Paraíso, un grupo de vecinos que está reuniendo fotografías antiguas de la ciudad, de esas que todos tenemos en el fondo de los cajones, para hacer exposiciones y mantener viva la memoria colectiva de Getafe. Si quieres colaborar con ellos, contacta a través del teléfono 637885774 o el e-mail contacto@getafeparaiso.es

www.getafeparaiso.es

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