La asociación Orión cumple medio siglo entre amenazas de desalojo: “Tenemos el apoyo del barrio, que es lo que importa”

Hablamos con algunos integrantes de este colectivo getafense, asentado en La Alhóndiga. “Lo que más nos diferencia es que trabajamos en unos valores que rigen las actividades”, dicen desde la asociación, cuyo local está en peligro tras varios requerimientos del Ayuntamiento de la ciudad. 

Formada por casi cien niños y jóvenes, la asociación Orión cumple 50 años este mes, y lo celebraron el pasado 15 de septiembre en el colegio Miguel Hernández con actividades de todo tipo, desde conciertos a un micro abierto.  

Relacionada en un inicio con el asociacionismo ‘scoutt’, poco a poco este colectivo fue marcando su propio camino. Sandra Sánchez, miembro de la comisión para el 50 aniversario, ha estado en Orión tanto como chavala como en el equipo de educadores. “El barrio estaba un poco desestructurado y se quería llegar a gente que no tenía opción a un ocio alternativo”, cuenta sobre el origen, en 1968, todavía en la España franquista. 

Una de las principales bazas de Orión es la apuesta por la educación, el pensamiento crítico y la participación desde el inicio de la madurez: “Lo que más nos diferencia es que trabajamos en unos valores que rigen las actividades: se trabaja la autonomía, la libertad, la independencia personal”. 

El grupo está formado por tres secciones: de 8 a 12 años, de ahí a 15 y, por último, hasta la mayoría de edad. Cumplidos los 18, pueden optar por pasar a ser monitores, algo que hacen muchos de ellos. Se han ido cambiando los nombres, pero la metodología sigue siendo prácticamente la misma, aunque “es un proyecto abierto a cambios, no es estático”.  

Del barrio de La Alhóndiga, se reúnen todos los sábados en la Casa del Barrio o la plaza de Tirso de Molina para realizar actividades que ellos mismos proponen y programan. Además, a lo largo del curso hacen tres excursiones: una por sección, otra conjunta en la Comunidad de Madrid y, para finalizar el curso, un campamento fuera de región. 

Sandra entró a Orión en 2010, con 28 años. Ve algunos cambios entre los jóvenes, pero lo encaja dentro de la normalidad: “Va en base a lo que es la sociedad. La motivación y los objetivos que les mueven varían en función de los que les van absorbiendo: medios de comunicación, modo de vida…” 

Como ejemplo, explica que los temas y métodos estaban más enfocados a la naturaleza, algo más relacionado con los ‘scoutt’ tradicionales, y “ahora se habla más de lo que les rodea, como movimientos feministas o tecnología”. “Se trata de fomentar el desarrollo de una actitud crítica y participativa, para que los chavales y chavalas participen en la transformación social de su entorno más cercano”, apunta. 

 “Es muy positivo para el aprendizaje, por todo lo que puede aportar”. Quien habla es Clara, que a sus 21 años ya es monitora. Si tiene que destacar algo de Orión, es “la libertad que se da a los chavales para tener un crecimiento guiado pero autosuficiente”. Así, puntualiza que “cada persona va a llevar un crecimiento distinto pero la figura del monitor genera una cohesión grupal”.   

Junto a ella está Paula, también monitora. Ella explica que, en otros ámbitos, “la autosuficiencia es mucho más guiada, están más encima de los chicos, nosotros le dejamos más a su aire y que sepan valerse por sí mismos” y añade: “Cada vez la asociación ha sido más independiente, con una autogestión sostenible”.

Clara explica que, en este momento no son “prácticamente dependientes de nada”, y que se sienten “muy fuertes porque tenemos el apoyo del barrio, que es lo que más importa”. De hecho, ella fue una de las encargadas de dar el pregón en las últimas fiestas de La Alhóndiga, donde fue especialmente crítica con la sección de Participación Ciudadana del Ayuntamiento.  

 En los últimos meses, Orión ha tenido problemas con el consistorio dirigido por Sara Hernández. En Nochevieja, el colectivo convocó un pequeño acto en su local –la Casa de Barrio- para felicitarse el año, actividad que, aseguran, había sido presentada y aceptada por el Ayuntamiento, que dijo que no estaba registrada. “La Policía intervino y echó a los chavales. Obviamente no había alcohol, tabaco, ni nada ilegal, solo era saludarse y luego cada uno se iba por su cuenta”, esclarece la monitora.  

 “Pidieron que en una semana abandonáramos el local, pero no era real, porque no teníamos ni tenemos nada por escrito”, comenta sobre el aviso del consistorio, cuyos argumentos han ido cambiando en estos meses: “Luego tiraron por las quejas vecinales, que van a nombre de toda la Casa del Barrio, pero se han achacado solo a nosotros, y ahora dicen que es porque no hay salida de emergencia y no está insonorizado”.  

 Los monitores aceptan esto último, por lo que creen que “lo que hacen falta son obras y una rehabilitación del local para que se le dé un uso social”. El Ayuntamiento propuso otro lugar como local, pero en Orión lo consideran insuficiente para albergar todas sus actividades. “No hay nada por escrito, todo suena más a amenaza y mentira que a otra cosa. No nos vamos a mover hasta que no tengamos un espacio para hacer las sesiones, que es lo primero”.

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