Porque os queremos, al lado

Begoña Barrios, Máster en Políticas de Género y agente de igualdad de Getafe

De nuevo nos encontramos en el mes de noviembre trayendo a colación el tema de la violencia que sufrimos las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. No olviden esto último. No lo archiven en el cajón de la desmemoria o de las frases mil veces repetidas pero no por ello menos ciertas.

En municipios “tipo” de la periferia de Madrid, como el nuestro, donde la población oscila entorno a los doscientos mil habitantes y que cuentan con programas municipales de sensibilización y de prevención contra la violencia de género, se repiten los datos y las cifras. Al año, más de 300 mujeres en situación de violencia de género, acuden por primera vez a estos recursos. Al año más de mil mujeres continúan en el circuito de apoyo y asesoramiento y transitan sus procesos durante una media de 24 a 36 meses hasta que reconstruyen sus cimientos lo suficiente como para continuar con sus admirables y valientes vidas. Esto en municipios donde los recursos para la atención a las mujeres y la promoción de la igualdad siempre son insuficientes, porque los Poderes aún no asumen que esto es un problema global.

La violencia originada por el desequilibrio de poder en las relaciones entre mujeres y hombres la sufrimos efectivamente, las mujeres. Pero, el problema no es nuestro, el problema, señores, es suyo.

Nosotras llevamos siglos analizado, luchando, creando conocimiento para entender y crear otro tipo de mundo. El feminismo ha contribuido a desmantelar la falacia de la igualdad y la fraternidad universal en la que nunca aparecimos con nombres y apellidos. Ha mostrado un modelo donde la equidad es posible, donde la ética marca la base de las relaciones humanas.

El problema no lo crean las mujeres,  sobreviven a él. Hemos ido creciendo sobre los hombros de aquellas que nos precedieron, desmintiendo la rivalidad insidiosa entre nosotras, reivindicando el derecho a mostrar las discrepancias profesionales, morales o triviales sin tener que ser etiquetadas por la mirada fragmentaria masculina.

Estamos hartas de estar siempre bajo sospecha, de ser utilizadas para explicarles a ustedes lo que les pasa, de ser controladas, tuteladas y vejadas.

Señores, apliquen una mirada inteligente como algunos varones ya están haciendo. Atrévanse, por ejemplo,  a descubrir por qué son capaces de estar denigrando a su pareja, infravalorándola, quejándose constantemente de sus faltas y aún así no optar por la separación. En su lugar, son capaces de perseguirla, acosarla, humillarla y hasta matarla si ella decide marcharse. En ustedes está la solución a su problema. Nosotras mientras seguiremos defendiéndonos y creciendo. Les queremos al lado, pero no así.

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