Recalificaciones que van más allá

Álvaro Rodríguez Caballero, arquitecto y vecino de Getafe.

Getafe es una ciudad de un indudable carácter industrial. Obviando la capital, Getafe lidera, tras Alcobendas y a gran distancia de Alcalá de Henares, la clasificación municipal en la Comunidad de Madrid por número de puestos de trabajo en la industria. Ningún partido político y apenas nadie en Getafe cuestiona un modelo económico local asentado sobre una tradición metalúrgica que sigue muy presente en la ciudad. 

Sin embargo, a la hora de proyectar el Getafe del futuro, en la política y las elites económicas locales abundan quienes dan la espalda a este rasgo tan fundamental de nuestro municipio. 

En materia urbanística, el último ejemplo ha sido la recalificación, para uso residencial, de una parcela ubicada en el paseo de la Estación, a apenas 450 metros de Getafe Central. La parcela, contigua a los desarrollos que han dado lugar al barrio de El Rosón, está ocupada aún hoy por una subestación eléctrica que ha sido reemplazada en sus funciones por una nueva subestación en el barrio de Buenavista. Esta finca linda, asimismo, con la gran factoría de John Deere Ibérica, asentada en Getafe desde 1953. 

La recalificación, impulsada por el Gobierno Municipal de PSOE e IUCM-LV y apoyada por PP y Ciudadanos —sólo Ahora Getafe se opuso—, se produjo el pasado julio sin ninguna discusión pública y abierta a la ciudadanía sobre la conveniencia o no de que se concediera el uso residencial a esta parcela. Pese a que la modificación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que posibilita esta recalificación llevaba preparándose desde 2012, ni Juan Soler-Espiauba ni Sara Hernández han querido que vecinos, movimientos sociales y expertos en la materia opinásemos sobre una operación de esta importancia. Lejos de promover la democratización de las decisiones urbanísticas, el Ayuntamiento de Getafe se ha plegado una vez más a los intereses de promotores inmobiliarios y propietarios del suelo, ávidos por una recalificación futura de la propia parcela de John Deere. 

Probablemente nadie duda de que, tras el soterramiento del ferrocarril, la ubicación de la vieja subestación quedó obsoleta por la proximidad de las nuevas viviendas. Ello, al contrario de lo que se ha hecho, suponía la oportunidad perfecta para establecer una reflexión colectiva y democrática sobre el futuro de los suelos industriales ubicados junto a la almendra central de Getafe.

La recalificación acordada recientemente, sin embargo, sigue la estela de las “Estrategias de la Ordenación Urbanística de los Terrenos afectados por el soterramiento”, aprobadas en 1999, y que promueven la conversión al uso residencial de todo el antiguo polígono industrial de El Rosón, incluyendo John Deere. Tanto es así que la modificación del PGOU recién adoptada establece una ordenación para la parcela recalificada encaminada, según el propio documento, a crear futuras manzanas residenciales en suelos hoy industriales y ocupados por la multinacional de maquinaria agrícola. Además, no hay otro modo de entender la apertura de una nueva calle, por ahora en fondo de saco, junto a la edificación que Fogesa piensa construir. 

Sobre este caso, a mi juicio, el planeamiento urbanístico de Getafe debería haberse abordado, en primer lugar, desde las necesidades de los vecinos de los barrios colindantes —Centro, La Alhóndiga, El Bercial y El Rosón— y del conjunto de getafenses, al tratarse de una ubicación central cuyas oportunidades para la ciudad no pueden ser minusvaloradas. Al mismo tiempo, no habría que perder la perspectiva de un modelo de ciudad que va más allá de una parcela concreta y que en Getafe debería basarse en la conservación y la generación de empleo industrial, que garantiza un desarrollo económico con mayor soberanía nacional y que se caracteriza por unas condiciones de trabajo más decentes. 

Sólo obviando estos enfoques y anteponiendo una visión mercantilista del suelo, en la peor tradición de las corruptelas de la burbuja inmobiliaria en Getafe, puede orientarse hacia la exclusiva construcción de vivienda la recalificación de piezas urbanas tan sensibles. 

Generar expectativas, cuando menos, a quienes desean lucrarse con una recalificación futura de John Deere, amenazando así el futuro a medio plazo de alrededor de 1.200 trabajadores, es irresponsable. Si un día la multinacional optara por ampliar su negocio y trasladarse a otro punto de nuestro municipio, el destino de esa gran parcela tendría que someterse a la opinión pública y, a mi entender, la memoria industrial de ese lugar debería quedar patente en lo arquitectónico para que nadie olvide quiénes hacen de Getafe un motor económico y social en nuestra región.

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